El camino de Santiago desde el siglo IX hasta nuestros días

Tras el descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago en la actual Compostela a principios del siglo IX, el lugar se transforma en destino de peregrinación para millones de europeos durante la Edad Media, convirtiéndola en el cordón umbilical de toda Europa. La marea de peregrinos era tal, que algunos años superaban en número a la población de las principales ciudades del Camino, por lo que la ciudad santa se convirtió en uno de los centros de peregrinación más importantes de la cristiandad, junto a Roma y Jerusalén. Así, el término peregrino se reservaba para aquellos que lo hacían a Santiago de Compostela.

en el año 813, un eremita llamado Pelayo, quedó sorprendido por una lluvia de estrellas fugaces en una colina. Avisó al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, quien descubrió que las luces indicaban el lugar exacto donde los discípulos habían enterrado el cuerpo del decapitado Santiago el Mayor, oculto tras una densa vegetación. El lugar se llamó Campus Stellae, (Compostela), porque fue una estrella la que indicó donde se encontraba el sepulcro.

Muy pronto, el rey de Asturias Alfonso II el Casto, avisado por el mismo obispo Teodomiro, camina a Santiago para verificar el descubrimiento. Se convierte entonces en el primer Peregrino, desde la capital de su reino, Oviedo, hasta Santiago, por lo que fue el primer itinerario a Santiago se denominó camino primitivo.

A partir de aquel entonces al parecer comenzaron a darse toda una serie de apariciones marianas, curaciones milagrosas y demás fenómenos inexplicables, que hicieron que gentes de todos los lugares venerasen la figura del apóstol y pidieran valor para sus batallas contra los avances del Al-Ándalus. Una de ellas narra como Ramiro I, en la batalla de Clavijo, venció a las tropas de Abderramán II ayudado por un jinete sobre un caballo blanco que luchaba a su lado y que resultó ser el Apóstol Santiago, de ahí que también se le denominara «Santiago Matamoros».

A partir del s. XI Santiago ejerció una fuerte atracción sobre el cristianismo europeo y fue centro de peregrinación multitudinaria, al que acudieron reyes, príncipes y santos.

En los S. XII y XIII, época en que se escribió el «Códice Calixtino» – primera guía del peregrino – la ciudad alcanzó su máximo esplendor. Fue entonces cuando el Papa Calixto II concedió a la Iglesia Compostelana el «Jubileo Pleno del Año Santo» y Alejandro III lo declaró perpetuo.

son incontables el número de personajes ilustres y santos que a lo largo de la historia han peregrinado a Santiago de Compostela. La historia hable de multitudes de hasta 250 mil peregrinos movilizados cada año, la mayoría movidos por la inquebrantable fe y la búsqueda de la salvación a través de la penitencia; algunos otros por el cumplimiento de una pena, y unos pocos por ganar dinero peregrinando en nombre de algún poderoso. 

Así, desde San Francisco de Asís, o Santa Brígida de Suecia, hasta nuestros días, cuando en noviembre de 1982, desde la Catedral, dijo aquellas memorables palabras: «Yo, desde Santiago, te lanzo un grito lleno de amor: vuelve a encontrarte. Sé tu misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Tú aún puedes ser faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo.” y “alrededor de la memoria de Santiago, Europa se encontró a si mismo». El Papa San Juan Pablo II celebró la JMJ en el año 1989 de nuevo en Santiago, donde reunió, en el Monte del Gozo, a medio millón de jóvenes.

desde entonces, con el decidido apoyo de la Xunta de Galicia, el número de peregrinos ha ido aumentando sin cesar, llegando a más de 272.000 peregrinos en el último año Jacobeo, 2010, aunque esa cifra se superó en el año 2016 y siguientes.

¡Buen Camino!