En el camino

«Buscando mis amores iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores, ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras.» San Juan de la Cruz.

Por fin en el camino, después de tanto tiempo preparando y previendo todo lo que podía pasar. La ilusión de empezar a caminar. La incertidumbre de todo lo que queda por delante. El encuentro con otros muchos peregrinos…

Hay que comenzar despacio, sin prisas, calentando en los primeros momentos del día, para encauzar correctamente todo el resto de la jornada. Hay que ir tranquilos, disfrutando del amanecer, de otro día que Dios nos regala. Estamos haciendo el Camino de Santiago, no la carrera de Santiago.

El camino es como la vida, con sus momentos buenos y sus momentos menos buenos, pero todos son un regalo que Dios nos brinda; por eso estoy enamorado del Camino.

Los primeros días choca un poco el ritmo del resto de peregrinos, sobre todo de aquellos que ya llevan muchas jornadas en el Camino. Suelen levantarse muy temprano, sobre todo en verano, y con lo cansado que acabamos las jornadas, parece que se nos pega el saco de dormir. El Camino está hecho para andarlo y vivirlo, el respeto y el agradecimiento por todo deben primar en nuestra conducta peregrina.

Lo mejor es empezar antes de que amanezca, para caminar con las primeras luces. Esos momentos son los mejores del día, para mi.

Inicia la jornada a ritmo suave. En verano se necesita beber más agua, usar protector solar, y sombrero, mejor de ala ancha, e incluso gafas de sol. Hay que beber agua, aunque no tengas sed, a sorbos cortos, y esto durante toda la jornada de camino. Ten en cuenta que en el Camino Francés, sobre todo desde Sarria, no abundan las fuentes de agua, pero si las de refrescos…

En verano deberás aplicarte factor solar de protección alta. Yo he hecho caminos en bicicleta que no me lo he aplicado y seis meses después aún tenía las diferentes coloraciones en las piernas, según el culotte tapara o no la pierna. Yo también utilizo unas pulseras antirepelentes de insectos.

El camino está perfectamente señalizado. Se ha hecho un gran esfuerzo por las Asociaciones de Amigos del Camino y Ayuntamientos para que nadie se pierda, las flechas amarillas y los mojones te van a guiar hasta Santiago, no temas nada. Respétalos. Es una pena ver los mojones con inscripciones y graffitis de lo más variado.

Si por alguna razón tienes que ir por el arcén de una carretera, hazte notar, y siempre por el carril izquierdo. Recuerda que si lo haces de noche es obligatorio llevar un chaleco reflectante.

Una vez que hayas llegado al albergue, estira un poco, descansa y a la ducha tan relajante. Si los pies han sufrido, por las ampollas o rozaduras, tendrás que curarlas. Primero, después de la ducha, siempre con chanclas, secar muy bien los pies, especialmente entre los dedos, y si han salido ampollas grandes, tendrás que extraer el líquido con un aguja estéril, dejando el hilo en su interior para que drene por ahí, después aplicar antiséptico, como povidona yodada

Mano de santo en esto de las rozaduras y ampollas, inevitables por otra parte en un Camino de Santiago, es el compeed, apósitos que previenen su salida. En el momento en el que sientas una rozadura, deberás colocártela, y ya no quitarla hasta que se caiga sola, después de varios días. Evitarás así las temibles ampollas. Otro producto desde mi experiencia de tantos años muy útil para prevenir las ampollas es la talquistina, que se vende en farmacias como polvos de talco, o en crema.

Y sobre todo, cuando llegues al albergue, descansa, relájate, disfruta del lugar. Acuéstate pronto, verás que en los albergues los peregrinos se acuestan muy pronto, demasiado para lo que estamos acostumbrados en España, pero es lo mejor. Da gracias por haber llegado al final de otra jornada y, si tienes problemas por los ruidos, no te olvides de los tapones para los oídos, y recuerda que el peregrino agradece, el turista exige.

¡Buen Camino!