Preparativos

Hacer un Camino de Santiago requiere de cierta organización, sin tampoco agobiarse con ello.

Recuerdo uno de mis caminos en el que conocí, en el tren que nos llevaba a Orense, a un peregrino que, al vernos con las mochilas, comenzó a conversar con nosotros, preguntándonos de donde pensábamos salir para hacer nuestra peregrinación. Al cabo de un rato me di cuenta de que no lo había organizado muy bien, porque al preguntarle si tenía ya la credencial de peregrino, me contestó con cara de incredulidad que no sabía lo que era la credencial.

Uno puede dejar al azar todo lo que está relacionado con el Camino, confiando en que todo salga bien, pero creo que no es la mejor decisión.

Para lanzarte a la aventura jacobea es importante saber previamente «por qué» realizas el Camino, porque te va a exigir un esfuerzo en todos los ordenes. Siempre digo a «mis peregrinos», cuando estamos en el Camino, que hasta que no llega el momento en el que te haces la pregunta fundamental: «¿que hago yo aquí? cuando podía estar en mi casa, tranquilamente, sin cansancio, tomando una cervecita fría, y leyendo un libro, no te conviertes realmente en peregrino.

Por ello, la preparación física es importante. Cuando tengas decidido la fecha en la que vas a comenzar, es necesario llegar a ese momento tras realizar un entrenamiento progresivo, comenzando las semanas previas a la partida con marchas de 10 km, para después llegar a 20 o 30 kilómetros.

Sería muy bueno hacer estas marchas con el equipo que vas a llevar al Camino, la mochila que vas a llevar con un peso similar, y sobre todo el calzado.

Esta prohibido estrenar calzado en el Camino. En mi primer camino, hace más de 30 años, cometí el error de comprarme unas “chirucas” a los pocos días de haber comenzado la peregrinación. El dolor era insoportable. Cuando llegué a Santiago, toda la planta de cada pie era una ampolla. Además del calzado, es importante utilizar calcetín de algodón, o lana en invierno, sin costuras, que almohadillen suficientemente.

La mochila del peregrino

Esta es otra de las preguntas más frecuentes que me hacen aquellos que quieren hacer el Camino. Sinceramente, el éxito de la peregrinación depende en gran medida de este factor.

Fundamental, a la hora de preparar la mochila de tu peregrinación, es que destierres de tu vocabulario las siguientes tres palabras: por si acaso.

Recuerdo uno de los caminos al que invité a un escritor muy conocido en España. Le envié para preparar su mochila el mismo archivo que os dejo abajo, con la lista de cosas para el camino. No me hizo caso, y cuando le vi en la estación de autobuses en Madrid, y ver la mochila que llevaba, me asuste, y llegué a pensar que no acabaría. Pero sí, acabo, aunque me confesó que estuvo todo el camino a base de ibuprofeno por el dolor que le provocó el peso de su mochila. ¡Llevaba hasta botas de repuesto!

Podría contar otras muchas más anécdotas sobre la mochila y su peso, como montones de peregrinos que en las localidades más grandes se dirigían a correos para facturar cosas que querían devolver a casa, para no cargar con ellas, o peregrinos que abandonaban porque no podían más con la mochila.

En verdad, la mochila que cargamos en el camino es un reflejo de otra mochila, mucho más pesada, que llevamos en nuestra vida, y que nos hace caminar en nuestro cotidiano doblados por su peso.

Para mí, una de las mayores enseñanzas del Camino ha sido aprender a vivir con muy poco, prácticamente lo que nos cabe en una mochila, y que feliz soy, porque

Nosotros no poseemos las cosas, las cosas nos poseen a nosotros.

si queréis saber lo que os recomiendo llevar al camino, aquí tenéis la lista.

¡Buen Camino!