Un Camino ligero de equipaje

Una de las enseñanzas más importantes de ser peregrino es que he aprendido a vivir ”ligero de equipaje”, que es como se ha de hacer el Camino.

En mi primer Camino, hace ya 32 años, me recomendaron llevar un spray para refrescar los pies, tras la jornada del camino. Nunca lo llegue a utilizar; tras cargar con él durante 550 kilómetros, al llegar a Santiago lo tiré a la basura. Esta anécdota me ha enseñado que en el Camino, como en la vida, es fundamental peregrinar con muy poco peso, tanto físico como psicológicamente.

Recuerdo otro Camino en el que me llevé a 30 profesionales de un colegio. Al ir a coger el autobús a Sarria observé a una joven profesora que traía una maleta muy grande. Le pregunté que donde iba con tanto peso, y me contestó que no importaba porque lo llevaba la furgoneta de apoyo.

La mayoría viajamos por la vida nada ligeros de equipaje, tanto de cosas como emocionalmente. ¿No sería muy recomendable reflexionar y preguntarnos porqué le tenemos tanto apego a las cosas?

El Camino me ha enseñado a vivir con muy poco, a ser lo que ahora se llama “minimalista”, que no es otra cosa que lo que nuestro Señor Jesucristo le dijo al joven rico cuando este le preguntó que tenía que hacer para ser perfecto: “vete, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y después ven y Sígueme”

He llegado a la firme convicción de que, cuanto menos tenemos, más libertad y plenitud sentimos, porque no es cierto que nosotros poseamos las cosas, sino que, en realidad, son las cosas las que nos poseen a nosotros.

La felicidad es muy sencilla, lo difícil es ser sencillo.

Buen Camino

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.